Creatividad, capacidad divina

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“Y creó Dios al hombre a su imagen; a imagen de Dios lo creó” Gen.1, 27

Desde el momento en que por puro amor irrumpimos en la historia, fuimos dotados con la capacidad de participar de la gracia divina, al ser creados a imagen y semejanza de Dios. La creatividad viene a ser desde esta perspectiva,  el don que nos permite transformar o generar, desde una necesidad, interrogante o problema; una respuesta constructiva, positiva para sí y para el entorno.

Un atributo indispensable para transmitir la fe es nuestra capacidad creadora, la cual debe estar destinada a dar respuesta y soluciones a la luz de la fe  a los problemas existenciales propios y de la comunidad, de una forma; novedosa, dinámica y original, haciendo que nuestra música sea instrumento para dar consuelo al afligido, luz que disipe las tinieblas, declarando batalla al mal y al pecado, indicando el camino a una experiencia de fe profunda desde los recursos artísticos que poseemos para tal fin.

La fe es un acto creador

Jesús también les puso esta comparación: «Un ciego no puede guiar a otro ciego, porque los dos caerían en el mismo hueco »  Lucas 6, 39 TLAD , deseo confesarles, que los episodios más estériles en cuanto a creatividad o producción de nuevas canciones han coincidido con los momentos cuando me he encontrado en situaciones de enfriamiento espiritual, pues “nadie da lo que no tiene”.

El músico debe ser persona de fe, pero profundamente arraigado en la vida, capaz de dar sentido a su historia y de crear a en su entorno el clima más apto para comunicar su fe a otros: clima de libertad y creatividad.

Dicha tarea no puede darse sino en la realidad que se vive como respuesta a la acción de Dios como don; recreamos  a Jesús en  nosotros, por identificación con el Jesús Señor de la historia. “De él hemos aprendido que el hombre ha nacido creador”.

En la tarea de comunicar creativamente la fe, juega un inestimable valor, la realidad espiritual de cada uno de nosotros, ya que al compartir la fe expresamos la experiencia subjetiva de nuestra relación personal con Dios como  respuesta a su manifestación en nuestras vidas, solo de esta manera se actualiza la buena noticia en nosotros como elemento que hace bien a quien la recibe como palabra viva.

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